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Pues no me apetecía nada hacer literatura, algo con sentido concreto para mí que soy del ramo, al escribir esta historia curiosa y significativa.

Fue también, en parte, un voy por fin a ver de verdad si las cosas están tan mal en la administración como parece. Y lo vi.

Esta estrategema de no dar nombres y escribir con apodo no era por mí, a mí me da igual, era y es porque no quiero que las personas tras los cargos institucionales crean que esto es un ataque personal, que no lo es. Pero como lo que crean no lo controlo yo, y más bien, conociéndolas, es igual lo que haga me lo van a descalificar, me voy a facilitar las cosas y me llevo esta historia a mi Memoria, en mi casa en la web.

Seguid luchando por un mundo mejor.

Plan Cultura de Paz

El más bello proyecto educativo llevado a la práctica en mi tierra en estos tiempos.

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Imagina que paseas por un erial, sin otra elección, y de pronto te encuentras un nenúfar en un charquito limpio. Eso es el Plan en mi corazón, un milagro en el panorama educativo de Hispanuncia, país con una democracia muy joven, pero ya aquejada de los síntomas de decrepitud moral y funcional (no hablemos de ideológica) del resto de las democracias occidentales, lastradas por siglos de uso de una democracia meramente formal, y en donde, como en las antiguas monarquías “ilustradas”, supuestamente todo se hace por el pueblo, pero de nuevo SIN el pueblo.

Los sistemas educativos de Hispanuncia, distintos por comunidades autónomas, supuestamente iguales en la estructura, son muy jóvenes. La historia de este país está jalonada de episodios oscuros, por antidemocráticos. La mayor parte de la historia la han manejado personajes autoritarios, reyes o gobernantes, y la historia reciente es, preciso recordarlo, una dictadura militar de 40 años comenzada con una guerra de un millón de muertos porque lo primero fue “limpiar Hispanuncia de rojos”, y lo hicieron. Pero rojos, verdes y violetas. Todos fueron limpiados y limpiadas, salvo el gris oscuro.

Pocos años después de la llegada de la democracia se puso en marcha la LOGSE, la primera Ley educativa que situaba los valores humanos como las finalidades, pero cuando se llega a los contenidos, otra vez, ya no se habla de ser buenas personas y correctos ciudadanos, sino de matemáticas, lengua y las demás. Después vinieron más, e igual: Finalidades: la Paz, buenos ciudadanos, la solidaridad, y esas cosas. Horas de clase: mates, lengua y las otras.

Con lo que, evidentemente, la educación en valores estaba (y sigue) por hacer. No se hace. Así que la aparición, en ese contexto, de un Plan de Educación para la Cultura de Paz y Noviolencia era ya un milagro.

tarde mediterranea
Y en estas circunstancias de andar de puntillas comienza realmente esta historia.

1.- ¡No puede ser!

Inevitablemente uno termina pensando que es un perro verde, de esos que los políticos dicen querer promover como modelo de ciudadano crítico, activo, que ejerce sus derechos y atiende a sus responsabilidades, y brega sin espacio por la justicia social,  y a los que, en realidad, temen como a vara verde y a los que, por tanto, machacan a la primera oportunidad.

Pero el problema para ellos esta vez es que ponían en marcha algo de lo que no tenían ni idea, salvo quienes lo estaban poniendo en marcha, y necesitaban a alguien que la tuviera. Y yo la tenía, porque llevaba 11 años trabajando en ONGs de desarrollo y Derechos Humanos, y la Cultura de Paz forma parte de mi horizonte moral, utópico y personal. Ya os digo, un perro verde.

Se ponía en marcha el Plan Banambal de Educación para la Cultura de Paz y Noviolencia. Banamba es una región autónoma del Estado de Hispanuncia, en un lugar intermedio entre el cielo y la tierra. Y en la que hay una provincia llamada Carnabón en la que nací, vivo y trabajo y en donde se desarrollan los acontecimientos.

Un director general del Ministerio en Soplilla, capital de la comunidad autónoma de Banamba, me había propuesto en un e-mail, trabajar para el Plan en la Delegación educativa de Carnabón. Fue una cosa de las de pellízcame. ¡Después de tantos años trabajando por esas cosas de la paz, la profundización democrática, los derechos humanos, la sostenibilidad, por todos los márgenes sociales, me llamaban del sistema público de educación para trabajar por la Cultura de Paz en el seno del corazón educativo provincial: su Delegación provincial! ¡No me lo puedo creer! Un sueño.

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En su presentación en la ciudad de Carnabón, en la que estaban las autoridades educativas de la ciudad y otras personas como yo, una catedrática de pedagogía dijo del Plan que era “un digno hijo póstumo de la Institución Libre de Enseñanza”, precioso y acertado piropo.

E iba a tener la oportunidad de hacer algo tan bello y con tanto sentido dentro de mi horario laboral y a cobrar por ello. De verdad un sueño.

Del despertar trata el resto de lo que aquí iré contando.